miércoles, 27 de febrero de 2013

Las etiquetas son para los trajes

POR WALTER BUSCARINI 
Para Héctor

Uno se lo calla, lo escucha una y otra vez, pero al final estalla. Ayer noche, en un mail, a los de Bostezo nos volvieron a tachar de 'suicidas culturales'. Que no, coño, que estamos muy vivos y todavía coleando. Y la muerte, cuanto más lejos, mejor. "Tampoco es mejor morirse" (Héctor Arnau). Y no estamos en esto para estrellarnos (y si un día nos sucede, cosa inevitable, pues seguiremos camino felizmente hasta la derrota final). Para mí suicida es aquel que no hace en la vida lo que le gustaría estar haciendo (agónica muerte). Y, sinceramente, no es nuestro caso. Al menos con Bostezo.

domingo, 17 de febrero de 2013

Mundo raro

 POR WALTER BUSCARINI

Una mirada que me traje de Madrid: Hemos llegado a un punto en el que los criterios de selección de captadores de socios para ONG´s son similares a los que rigen para go-gos de discotecas. Mundo raro.


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martes, 15 de enero de 2013

Cosas que se pierden



Capítulo único de la serie No nos gusta el progreso

POR WALTER BUSCARINI

Para Javi

Antes (no me preguntes cuándo) uno todavía podía darse el gusto de perderse por las calles de una ciudad ignota. Llegabas por vez primera a Bilbao y le preguntabas a un paisano por la dirección del colega de la colega del colega que tocaba la flauta y que te dejaba un cuarto para pasar unos días en los sótanos de un bar de la parte vieja.

Y entonces el paisano te daba unas explicaciones incomprensibles, difíciles de asimilar para el recién llegado pese a su amable esfuerzo en hacerse entender: a la izquierda, tire a la izquierda, llegue a la esquina y a la izquierda, ahí, a la izquierda, el semáforo a la izquierda, a la izquierda, donde está ese coche y a la izquierda, después del parque a la izquierda...

Y sin saber por qué, tirabas a la derecha.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Memorias de Archivo, 1: Los anticuarios.

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Inés Plasencia

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El archivo es, para quien lo consulta y así, generalizando, una sensación; una sensación particular de enormidad a la que últimamente me refiero como “mi mastodonte”. Los archivos son un lugar que supera a la propia capacidad de imaginar, un lugar en el que uno finalmente se cerciora de que de todo hemos ido dejando pruebas, ante las cuales, a menudo, yo me pregunto si no son tal vez demasiadas. Todavía me ocurre que salgo de los archivos (a los que acudo en busca de fotografías de Guinea Ecuatorial anteriores a 1950) con la sensación de saber menos que al entrar y con una libreta llena de frases inconclusas y de pistas que se pierden entre tantas imágenes. Pero no, las pruebas no pueden nunca ser demasiadas. Es sólo que entre ellas falta algo: esa famosa brecha sobre la que sentarse a trabajar.

domingo, 14 de octubre de 2012

Olmo González y la mayoría absoluta.

POR PALOMITAS EN LOS OJOS

(Fotografía de Olmo González: todas las fotos de Olmo González excepto las indicadas)
Hace un par de semanas empecé un nuevo curro como guía turística y una tarde que tenía que darme una vuelta para poder repasar mis apuntes “a su derecha pueden ver…”  me ocurrió un incidente que en cierto modo puede servir para introducir la increíble e impactante obra de Olmo González y que empezaba de la manera más banal: bajando por la calle Atocha me tropecé con un grupo de turistas que enfocaban sus cámaras hacia el Paseo del Prado y como desde mi perspectiva me era imposible ver cuál era el objetivo de ese compacto grupo de iphones, smart phones y demás óculos electrónicos aceleré el paso y apreté el culo para descubrir que ocultaba esa esquina pintoresca, “a su izquierda pueden ver…”. Cuál fue mi pasmo al descubrir que estaban grabando un gran despliegue de la guardia municipal (¡¡¡seis corchetes!!!) que incautaban, si esa palabra se puede aplicar a unos gatos, a una camada de felinos que servían como reclamo caritativo de un pobre que yacía tumbado a la puerta de un gran hotel con la misma posición el Cristo de Andrea Mantegna.

jueves, 2 de agosto de 2012

Hachas por micros

POR WALTER BUSCARINI

Cuando, desde la ensoñación cybernética de mi escritorio de Benicalap, redactaba el proyecto radiofónico que me ha traído hasta la frontera colombo-ecuatoriana, me inquietaba pensar que, como parte del trabajo, tendría que intervenir en algunas emisoras comunitarias. Me asaltaban las dudas: cómo sería el primer día, quién sería el técnico, si me temblaría la voz, si me quedaría en blanco, si funcionaría el micrófono. Nunca se me ocurrió pensar en un hacha.


Pienso en ello ahora que, como primera experiencia radiofónica, colaboro en la tala de un eucalipto de doce metros en medio de un bosque andino. Me encuentro en Santa Rosa, una vereda de casas desperdigadas situada a unos cincuenta kilómetros de la ciudad colombiana de Pasto, en el área de la laguna de La Cocha, intersección hidráulica de la Amazonia, los Andes y el Pacífico. He llegado hasta aquí acompañando a varios miembros de la ADC, una organización que lleva más de treinta años en la capacitación y asesoramiento de comunicadores sociales en comunidades campesinas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Vasectomía express

POR KIKO AMAT

Condenada sanidad. Te hacen esperar para lo que no puede esperar, y te citan mañana para lo carente de urgencia.
–¿Le va bien volver el miércoles? –me dijo el matasanos.
Era el día 16 de marzo, viernes. Acababa de realizar mi primera consulta sobre vasectomía. Dos minutos antes ni siquiera conocía los detalles quirúrgicos. Sabía que le cortaban a uno un conducto (peligrosamente cerca de la zona cero testicular), y que el procedimiento se realizaba con una cierta delicadeza; no le aplicaban a uno la sandwichera y que pase el siguiente.

Salvad a los griegos de los filósofos. Un breve ensayo sobre la crisis europea

POR MARTIN MØLLER BOJE RASMUSSEN

El simbolismo de las generalizadas, feroces y violentas revueltas de las calles de Atenas - la cuna de la democracia, el patio trasero de Europa- es imposible de olvidar. El histórico alto número de parados en Europa (24,5 millones de personas) es igual de desconcertante y doloroso (económica y moralmente) como las noticias de ciudadanos griegos –ciudadanos europeos- dejando a sus hijos a las puertas de las instituciones públicas, incapaces de proveer sustento a su propia prole. Lo que creíamos que era un fenómeno exclusivo de los más pobres países en desarrollo ahora se extiende dentro de la Eurozona, 2012 Anno Domini.

¿Qué hace un filósofo cuando quiere que le escuchen?

POR CARLOS JIMEN

Los casos de Eli de Gortari (Silabario de palabrejas) y Roberto Palacio (Sin pene no hay gloria)

No debe de ser fácil reconocerse como filósofo en los tiempos que corren. En un mundo que premia la banalidad en el pensamiento como forma más efectiva de alcanzar reconocimiento social, el saber filosófico queda acorralado en las mentes de unos personajes estereotipados como tostones, peñazos y extraños. Leía hace poco en la revista colombiana Arcadia que la práctica de la filosofía ha quedado circunscrita a los asfixiantes muros académicos y que los filósofos solo pueden departir sus pajas mentales (con perdón) con sus iguales, y no siempre. El artículo se llamaba Los profes de filosofía solo producen más profes de filosofía.

martes, 20 de diciembre de 2011

Psicogeografía mística del espacio comercial

POR JULIO CÉSAR ÁLVAREZ

Debord veía en el propio hecho de comprar (especialmente a crédito) una especie de ‘droga popular’. Si verdaderamente existe un lugar perfeccionado durante décadas para consumir y drogarse (no parece casual que en clínica de adicciones a estupefacientes, ‘consumir’ sirva de eufemismo a ‘drogarse’) son los denominados espacios o centros comerciales. Algún autor señala su nacimiento, con la totalidad de sus características contemporáneas, en 1950 en Seattle (Estados Unidos). De todos modos existen verdaderas diferencias conceptuales respecto a cuál de ellos incluía todos esos elementos comunes que dan forma definitiva al centro comercial tal y como hoy lo conocemos. Esta misma dificultad en fechar con exactitud su aparición añade una ausencia de ‘corporeización’ más de tipo místico o religioso, que parece continuar el de otros objetos que rozan lo sagrado como el propio dinero. La expansión de este tipo de centros resulta imparable, especialmente en la década de los sesenta, aunque sus primeras construcciones se ciñen más al norte y sur de Estados Unidos. No por casualidad, claro está, ya que en ambas zonas el clima resulta más adverso, con, por ejemplo, una elevada humedad en los Estados situados más al sur. El centro comercial moderno posee una pretensión inicial bastante definible, evitar fluctuaciones en las ventas gracias a una perfecta climatización durante todo el año. Ahora el consumidor posee un lugar que no sufre la ferocidad de los elementos. Puede intoxicarse con comodidad, olvidar el día y la noche, al modo de los viejos fumaderos de opio orientales. La realidad queda fuera, deja de existir para convertirse, mientras pueda financiarse, en lo más parecido al paraíso en la tierra. El centro comercial será pues el templo sagrado por el que desplazarse como en trance, en una ausencia de pensamiento y total presencia de acción, en la búsqueda de una salvación a través de la tarjeta de crédito. De hecho, un deambular sin intención de compra resultará siempre sospechoso, por lo que las cámaras, como todopoderosos ojos divinos, seguirán a ese posible embaucador que quiere hacerse pasar por feligrés burlando uno de los principales dogmas de fe: comprar hasta morir (vía Baudrillard).