Mostrando entradas con la etiqueta Walter Buscarini. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Walter Buscarini. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de julio de 2013

Domingo en el océano (informe tonto)


Ayer me tragué entero un partido de beisbol. El juego no acaba hasta que uno gana y pierde el otro. Tardaron tres horas en resolverlo. Debe de tener su gracia, pero todavía no se la encuentro.

Cada vez que pido una hamburguesa me cercioro primero de que haya cerca un baño. Por si acaso.

Son muy amables, pero no sé qué estarán pensando por dentro.

Distinción racial del mar. Latinos y negros se bañan en primera línea; más alejadas de la orilla se divisan blancas velas de yates reposados sobre la superficie. Al fondo se otean cargueros que deben estar atestados de currantes made in China por dentro. Supongo.

He vuelto a engancharme a los tacos. De lengua.

Resido en una villa rodeada de un bosque de secuoyas. Con coyotes, artistas, mosquitos, lagartijas y otros bichos. No me quejo.

martes, 19 de marzo de 2013

¿Queda mucho para Formentera?

Mis mejores amigos son una familia de indígenas aymaras de Cochabamba. Ellos avivan la hoguera con la que paliamos el frío insular. El autobús público va lleno de sonrientes mujeres magrebís que cubren su cabello con coloridos pañuelos. Los aborígenes van ataviados con pantuflas y ropas de andar por casa. Ellos son los que se encargan de mantener a flote la isla cuando nadie la visita. Los empresarios se quejan: les saldría más económico borrarla del mapa cuando llegase el invierno.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Las etiquetas son para los trajes

POR WALTER BUSCARINI 
Para Héctor

Uno se lo calla, lo escucha una y otra vez, pero al final estalla. Ayer noche, en un mail, a los de Bostezo nos volvieron a tachar de 'suicidas culturales'. Que no, coño, que estamos muy vivos y todavía coleando. Y la muerte, cuanto más lejos, mejor. "Tampoco es mejor morirse" (Héctor Arnau). Y no estamos en esto para estrellarnos (y si un día nos sucede, cosa inevitable, pues seguiremos camino felizmente hasta la derrota final). Para mí suicida es aquel que no hace en la vida lo que le gustaría estar haciendo (agónica muerte). Y, sinceramente, no es nuestro caso. Al menos con Bostezo.

domingo, 17 de febrero de 2013

Mundo raro

 POR WALTER BUSCARINI

Una mirada que me traje de Madrid: Hemos llegado a un punto en el que los criterios de selección de captadores de socios para ONG´s son similares a los que rigen para go-gos de discotecas. Mundo raro.


.

martes, 15 de enero de 2013

Cosas que se pierden



Capítulo único de la serie No nos gusta el progreso

POR WALTER BUSCARINI

Para Javi

Antes (no me preguntes cuándo) uno todavía podía darse el gusto de perderse por las calles de una ciudad ignota. Llegabas por vez primera a Bilbao y le preguntabas a un paisano por la dirección del colega de la colega del colega que tocaba la flauta y que te dejaba un cuarto para pasar unos días en los sótanos de un bar de la parte vieja.

Y entonces el paisano te daba unas explicaciones incomprensibles, difíciles de asimilar para el recién llegado pese a su amable esfuerzo en hacerse entender: a la izquierda, tire a la izquierda, llegue a la esquina y a la izquierda, ahí, a la izquierda, el semáforo a la izquierda, a la izquierda, donde está ese coche y a la izquierda, después del parque a la izquierda...

Y sin saber por qué, tirabas a la derecha.

jueves, 2 de agosto de 2012

Hachas por micros

POR WALTER BUSCARINI

Cuando, desde la ensoñación cybernética de mi escritorio de Benicalap, redactaba el proyecto radiofónico que me ha traído hasta la frontera colombo-ecuatoriana, me inquietaba pensar que, como parte del trabajo, tendría que intervenir en algunas emisoras comunitarias. Me asaltaban las dudas: cómo sería el primer día, quién sería el técnico, si me temblaría la voz, si me quedaría en blanco, si funcionaría el micrófono. Nunca se me ocurrió pensar en un hacha.


Pienso en ello ahora que, como primera experiencia radiofónica, colaboro en la tala de un eucalipto de doce metros en medio de un bosque andino. Me encuentro en Santa Rosa, una vereda de casas desperdigadas situada a unos cincuenta kilómetros de la ciudad colombiana de Pasto, en el área de la laguna de La Cocha, intersección hidráulica de la Amazonia, los Andes y el Pacífico. He llegado hasta aquí acompañando a varios miembros de la ADC, una organización que lleva más de treinta años en la capacitación y asesoramiento de comunicadores sociales en comunidades campesinas.