Ayer me tragué entero un partido de beisbol. El juego no acaba hasta que uno gana y pierde el otro. Tardaron tres horas en resolverlo. Debe de tener su gracia, pero todavía no se la encuentro.
Cada vez que pido una hamburguesa me cercioro primero de
que haya cerca un baño. Por si acaso.
Son muy amables, pero no sé qué estarán pensando por
dentro.
Distinción racial del mar. Latinos y negros se bañan
en primera línea; más alejadas de la orilla se divisan blancas velas de yates
reposados sobre la superficie. Al fondo se otean cargueros que deben estar
atestados de currantes made in China
por dentro. Supongo.
He vuelto a engancharme a los tacos. De lengua.
Resido en una villa rodeada de un bosque de secuoyas.
Con coyotes, artistas, mosquitos, lagartijas y otros bichos. No me quejo.
