martes, 18 de octubre de 2011

Maricón… ¡vuelve el hombre!: masculinidad y crisis económica


POR NACHO MORENO

En Madrid vivimos un estado orwelliano, donde cada mañana, como si fuéramos las masas de Metrópolis, somos engullidos por un Moloch con fauces de puerta de vagón de metro. Allí embutidos junto con otros condenados a la rutina de (buscar) trabajo somos sometidos a los repetitivos eslóganes de “Madrid funciona”, “Madrid va bien” y “Prohibido pensar”. Una de las principales plataformas utilizadas para doblegar nuestra voluntad en esos trayectos es la televisión del Metro de Madrid, órgano que haría enrojecer al propio Goebbels quien afirmaba que la propaganda que se desvela como tal es altamente inefectiva, y que lo más aconsejable es disfrazar los lemas con bonitas imágenes. La tele del metro de Madrid, mucho más franca que el Ministerio de Propaganda Nazi, ha optado por decir las cosas a bocajarro y confiar en que la repetición de mensajes a una audiencia cautiva hará mella por erosión. “Madrid funciona”, “Madrid va bien” y “Prohibido pensar”. Para que se hagan una idea del material audiovisual al que somos sometidos los viajeros de un transporte público, el menú diario de ese NODO subterráneo consiste en:

viernes, 23 de septiembre de 2011

Las oficinas de dios


POR NACHO MORENO

Hace tan sólo unos días una amiga me confesó su intención de volver a sus raíces y dedicarse a quemar sujetadores reivindicando los puntos esenciales de la lucha feminista.  Mostrando con esa simple declaración cómo el feminismo actual vive una tensión muy interesante entre una vertiente teórica muy sofisticada (que todas disfrutamos, con bifurcaciones como el queer) y una práctica urgente de defensa de elementos básicos para la existencia digna de las mujeres. Dentro de ese segundo apartado entraría la película Las oficinas de Dios de la directora francesa Claire Simon, quien utiliza el tono documental mezclado con la ficción para retratar las vidas de las usuarias de un centro de planificación familiar francés. Si por un lado la parte documental se ve reforzada por actrices nóveles que representan a las usuarias del centro y a sus miles de historias entresacadas de los registros de unas consulta real, muchas de ellas desesperadas, confusas y humanas, desde la chica argelina que va a buscar la píldora a espaldas de su entorno íntimo a la madre de familia burguesa que se niega a tener el tercer hijo. Por otro lado,  la parte ficticia se ve representada por la presencia de grandes artistas del cine francés como  Nathalie Baye o Nicole Garcia, algunas vinculadas al Manifiesto de las 343, uno de los casos más famosos de desobediencia civil de la historia de Francia donde 343 grandes personalidades femeninas, desde Simone de Beauvoir hasta Agnes Varda declaraban haber abortado pidiendo que el gobierno lo despenalizara o tomara las acciones oportunas contra ellas. Sin embargo, el valor icónico que pudieran tener en la lucha feminista o con respecto a su personalidad mediática no les lastra en absoluto y en algunas escenas especialmente acertadas representan de manera íntima y personal a mujeres corrientes escuchando y hablando con otras mujeres corrientes en una situación excepcional. Una situación importante como la del embarazo no deseado o el sexo lleno de misterios y prejuicios (“el DIU me hincha la barriga”) donde surge la confesión íntima y el lenguaje científico y claro junto con los consejo femeninos y cercanos (“Escucha a tu cuerpo”), y que discurre en un sitio tan cotidiano pero excepcional como un centro de planificación familiar descrito así por la propia directora:

martes, 1 de marzo de 2011

La enfermedad del mal


POR MAR BENEGAS

 "Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada." (Edmund Burke)

Los síntomas

Ahora la anorexia impone su tiranía, alimentar al hambre y  un minuto de flash. El cuerpo está atado, constreñído, manipulado, castigado por contradecir los designios divinos: no comereis con los ojos. Cilicios aceptados, desde la opacidad de no ser excesivamente dolorosos, ¿quién se depila -arrancando de raíz- las ingles?, ¿quiénes bailan, acaso, sobre tacones de aguja? La talla 34 es la malignidad.  Los cinturones matan: por un agujero más alguien morirá en el hospital, pero somos tan felices que nada nos importa.

No hay ficción que supere a la realidad. Es, sin dudarlo, la quintaesencia de la maldad, una enorme caseta de espejos, todo está impregnado de maledicencia, de maldad consentida. Ir a los toros, estirpar un clítoris, ver un noticiario sin inmutarse, lapidar a una adúltera o saber que cada siete segundos muere un niño de hambre. O que el comercio de armas alimenta autocracias y matanzas interminables, bajo el amparo y beneficio de los estados democráticos o que dentro de tres décadas necesitaremos dos planetas para soportar nuestra voracidad destructiva. O despegar al bebé de su madre a los cuatro meses, acostumbrarlo a dormir solo a través de torturas nocturnas: es la anestesia lo que nos hace terribles.

Un mundo sin colas, ¿es posible?

POR PACO INCLÁN


Si entro en un banco y veo más de dos personas en la cola, me marcho; hace tiempo que dejé de asistir a conciertos, por las largas -o cortas, el tamaño no importa- que se montaban en la entrada; si en los lavabos de un bar veo que hay cola, salgo a mear a la calle.

Las colas me provocan desazón existencial. También su versión motorizada: los atascos. Un hastío insufrible, un aburrimiento no-deseado (me encanta el aburrimiento, lo asocio a la libertad cuando puedo decidir cómo, dónde y cuánto aburrirme). En las colas nunca ocurre nada digno de mención. Una vez rechazado –por excesivamente hollywodiense- que uno pueda encontrar su media naranja mientras guarda cola, hay que agarrarse a entretenimientos mucho menos excitantes: hacer carantoñas al bebé que tienes delante, aprenderse de memoria el código de barras de una caja de galletas o escuchar la discusión de la pareja que tienes detrás. Pero, en la mayoría de ocasiones, ni siquiera eso.

viernes, 16 de julio de 2010

El verso y la nómina

POR DAVID BARBERÁ


Poetas ejecutivos y poetas asalariados. Los casos de Jaime Gil de Biedma y Antonio Gamoneda


El ejecutivo, el meritorio y los poetas

I. Según una encuesta reciente del INE, el 80% o así de los empleados españoles trabajan en empresas privadas.

II. Tienes perillita, calva de patricio, y eres Jaime Gil de Biedma. Fuiste alto ejecutivo de Tabacalera, una de las escasas grandes empresas que surgieron del colonialismo español, y tuviste que morir en 1990, de SIDA, uno de los primeros casos de una variante especialmente devastadora. Fuiste poeta, además; ahora eres leyenda, uno de los grandes nombres de tu generación, tal vez de todo el s. XX, tal vez sólo Federico y Luis Cernuda son tan grandes, tal vez… Incluso han hecho una polémica y razonablemente taquillera película de tu vida.

III. Tienes ricitos blancos, aparentas mala hostia, y eres Antonio Gamoneda. Fuiste contable del Banco Mercantil de León más de veinte años. Luego te hicieron un hueco en una diputación provincial, y has acabado con una jubilación mediana a lo sumo, con suerte un poco más acá de la frontera de la dignidad exigida al Estado del Bienestar. Pero eres poeta, eres Premio Cervantes de 2006. Y eres más que nunca una voz polémica en el “mundo de la literatura”, eres actualidad, ahora mismo, a tus ochenta años, desde León... El País y El Mundo sacan siempre tus declaraciones combativas, al acecho de Luis García Montero y sus acólitos.