En los últimos tiempos en Bostezo
hemos seguido con interés el surgimiento de nuevas propuestas y discursos
alrededor de las Fallas. Propuestas integradoras que buscan generar espacios de
participación dentro de la fiesta valenciana por excelencia. En unos años hemos
visto como actitudes de rechazo fallero se transformaban en propuestas que dan
cabida a personas y movimientos sociales que no encontraban su lugar en la
fiesta. Nos interesan experiencias, entre otras, como las de Falles Populars i
Combatives, Senyor Mixuro, Creaqcio, Fallas I+E, Malalt de Falles, Associació
d'Estudis Fallers, revista Cendra y
propuestas surgidas desde Desayuno con viandantes, La Cuina Furtiva, Sostre/A Peu,
L'Ambaixada o La Dula, relacionadas con la recuperación y reivindicación del espacio público
para uso y disfrute de la ciudadanía.
Es por ello que hemos convocado un cinefórum para dialogar y
conocer con mayor profundidad qué está sucediendo en el interior del mundo de
las Fallas, cómo se está abordando la Fiesta desde estas perspectivas. Será
este jueves 18 de septiembre a las 19h
en el Casal Jove alMatadero de Godella. Iniciaremos con la proyección del cortometraje-documental
Fallas 37, un arte en guerra, dirigido
por Óscar Martín (Xerea Films, 2013) que nos ofrece una perspectiva histórica
de las Fallas en 1937 (aquí el trailer).
A continuación,
proyectaremos dos videos cortos de Senyor Mixuro y Falles Populars i Combatives
que abrirán un espacio de diálogo entre los asistentes, dinamizado por miembros
de Senyor Mixuro/Bostezo, sobre estas nuevas narrativas y propuesta que están
surgiendo en la fiesta fallera. Un extracto de este diálogo será publicado en
el próximo número de Bostezo. Como punto de partida recomendamos leer el
artículo Ajoblanco 76 de Pau Rausell
que publicamos en el dossier Valencia y presentimiento del número 8 de la
revista. Ese es el espíritu fallero del que nace esta propuesta de cinefórum.
La entrada es abierta y gratuita.
En els últims temps en Bostezo hem seguit amb interés el
sorgiment de propostes i discursos innovadors al voltant de les Falles.
Propostes integradores que busquen generar nous espais de participació dins de
la festa valenciana per excel·lència. En uns anys hem vist com actituds de
rebuig faller ens transformaven en propostes que donen cabuda a persones i
moviments socials que no trobaven el seu lloc a la festa. Ens interessen experiències,
entre altres, com les de Les Falles Populars i Combatives, Arrancapins, Senyor
Mixuro, Creaqcio, Falles I+E, Malalt de Falles i propostes com les de Desdejuni
amb vianants, Sostre/A Peu, La Cuina Furtiva, L'Ambaixada o La Dula, entre altres, relacionades amb la recuperació i reinvindicació de l'espai
públic per a ús i gaudi de la ciutadania.
És per això que hem
convocat un cinefórum per a dialogar i conéixer amb més profunditat què està
succeint en l'interior del món de les Falles, com s'està abordant la Festa des
de estes perspectives innovadores. Serà este dijous 18 de setembre a les 19h en
el Casal Jove alMatadero de Godella. Iniciarem amb la projecció del
curtmetratge-documental Falles 37, un art
en guerra, dirigit per Óscar Martín (Xerea Films, 2013) que ens ofereix una
perspectiva històrica de les Falles en 1937 (ací, el trailer). Posteriorment, projectarem dos
videos curts de Senyor Mixuro i Falles Populars i Combatives, que obriran un
espai de diàleg entre els assistents, dinamitzat per membres de Senyor Mixuro/Bostezo, sobre estes noves narratives i
propostes que estan sorgint en la festa fallera. Un extracte d'este diàleg serà
publicat al pròxim número de Bostezo.
Com a punt de partida us recomanen llegir l'article Ajoblanco 76 de Pau Rausell que publicarem al dossier Valencia y
presentimiento del número 8 de la revista. Eixe és l'espèrit faller del que
naix esta proposta de cinefórum. L'entrada és oberta i gratuïta.
Una selección de artistas musicales que, tras sus
cinco minutos de gloria, se hundieron en la más absoluta miseria
por Dildo de Congost
PAJARITOS A LA BRASA
Si digo ‘María Jesús Grados Ventura’ (Cáceres, 29 de mayo de 1956)
se quedan ustedes como estaban. Pero si digo ‘María Jesús y su acordeón’, la
mayoría sabrán perfectamente de quién estoy hablando: aquella pizpireta señora
que arrasó con El baile de los pajaritos (1981), españolísima reinterpretación
de la tonadilla Chicken Dance, compuesta por el acordeonista suizo
Walther Thomas.
Con la inestimable ayuda de su señor padre, María Jesús le puso a
la pegajosa melodía una letra improvisada en un pis pas, que incluía
frases tan difíciles de olvidar como «Pajaritos a
bailar, cuando acabes de nacer, tu colita has de mover, chu, chu, chu, chu».
En un principio, María Jesús ofreció el tema al grupo infantil Parchís, pero
tras escucharlo, la discográfica le sugirió que lo cantara ella misma. Dicho y
hecho. Contra todo pronóstico, la canción fue disco de platino y sonó hasta en
las máquinas tragaperras. Durante 1982, la artista salía continuamente por la
tele y hasta llegó a protagonizar una película, titulada Los pajaritos.
Todo un subidón para aquella mujer que, desde su más tierna infancia, se
buscaba la vida tocando el acordeón en playas y cafeterías de Benidorm y
Valencia.
Pero, con el tiempo, la alegre tonada se convertiría en una
maldición para la acordeonista extremeña. Y no únicamente porque, debido a la letra
pequeña de su contrato, solo se llevara las migajas del éxito. También porque,
por más que la pobre mujer compusiera nuevas canciones (con títulos como Los
patitos, Los gatitos o Los conejitos) la gente solo quería
escuchar Los pajaritos. Y ella se veía obligada a tocarla ad nauseam.
Su última baza la quemó el pasado verano, grabando por encargo del
festival indie Low Cost una tombolera versión de Dramas y comedias de
Fangoria, para publicitar el festival indie
Low Cost de Benidorm. El resultado provocó una violenta mezcla de risa y pena
entre los pocos incautos que lo vieron; algunos, incluso lo tomaron como un
síntoma del Apocalipsis.
Pero María Jesús viene de abajo y no teme al fracaso: «No
me importaría nada volver a tocar a la calle y pasar el platillo. Eso no es
mendigar. Es trabajar y recibir algo a cambio. Y tocaré Los pajaritos,
claro. Me moriré siendo María Jesús la de Los Pajaritos».
DEL HIELO AL INFIERNO
Robert Matthew Van Winkle, es decir, Vanilla Ice (Dallas, 1967),
llegó a la cima casi por casualidad: en 1990, Ice Ice Baby, cara B de
uno de sus singles, fue programada por un importante pinchadiscos y la bola de
nieve fue rodando hasta convertirse en éxito mundial. Y eso que lo único que
hizo Vanilla fue hablar de lo mucho que mola vivir en Miami, sobre una base
construida con el bajo del Under Pressure de Queen y Bowie.
Aprovechando el tirón que dan veinte millones de discos vendidos,
en 1991 emprendió una gira junto a MC Hammer y protagonizó un sonrojante biopic titulado Frío como el hielo.
Ganó una fortuna, sí, pero la despilfarró rápidamente en drogas, juergas y
mujeres.
Vilipendiado por la comunidad hip hop por blanquito y popero, pegó
un desafortunado giro hacia el AOR que lo precipitó hacia un fracaso que no levantó
ni su versión rockera del Ice Ice Baby. Incapaz de encajar su derrota,
Vanilla se abandonó por completo. ¿Resultado? Una buena colección de arrestos
por conducir colocado, pegarle a su ex, llevar droga encima y montar pifostios
en locales de dudosa reputación.
Tras una larga cura de desintoxicación, se casó y tuvo dos
churumbeles. En ellos gastó sus últimos ahorrillos, viéndose obligado a
trabajar como dependiente en una tienda de deportes donde, con varios kilos de
más y un rostro desfigurado por la mala vida, no lo reconocía ni su santa
madre.
Lo último que sabemos de él es que lanzó una demoledora profecía
desde el diario Washington Post: «Yo
hice Ice Ice Baby cuando tenía 16 años. Vendí un centenar de millones de
discos y tuve un fin de semana que duró unos tres años. Después no sabía quién
era y cuál era mi propósito en la vida. Así que mi predicción acerca de Justin
Bieber es que él va a acabar igual, y su fama durará unos pocos años porque ha
tenido éxito desde muy joven». A ver si es verdad.
¿QUÉ FUE DE LOS LOCO MÍA?
Como es por todos bien sabido, Loco Mía fue un estrafalario
cuarteto tecnopop ataviado con hombreras kilométricas, camisas con chorreras, pointy boots, faldas-pantalón y abanicos
gigantes. El grupo se hizo extremadamente popular entre 1988 y 1991 gracias a
su homónimo y homófilo hit
discotequero. La letra de Loco Mía era un mantra de sofisticada e
infalible simpleza: «Disco Ibiza Loco Mía, Moda Ibiza Loco Mía, Loco Ibiza Loco Mía,
Sexo Ibiza Loco Mía, Mar Ibiza Loco Mía, Sol Ibiza Loco Mía, Marcha Ibiza Loco
Mía...». Gracias a un videoclip en el que los cuatro integrantes del
grupo giraban sus inmensos abanicos a gran velocidad, llegaron a despachar
sesenta mil discos y llamaron la atención de luminarias como Freddie Mercury,
que les compró un traje, o David Bowie, que los fichó como teloneros de su gira
española.
Además, el videoclip de marras provocó parodias tan apoteósicas
como la de Martes y 13, que travestidos de Loco Mía, variaron sutilmente la
letra de la canción: «Coge el abanico, dale mariquita, dale que
te pego, fíjate, fíjate, parriba palante parriba patrás...».
Pero las carcajadas duraron tan poco como el éxito. Después de una gira
triunfal por España y Marruecos, el grupo sacó tropecientos singles intentando
en vano repetir el éxito: pero ni Rumba samba mambo, ni muchísimo menos Gorbachov
le llegaron a Loco Mía a la punta del tacón.
El cuarteto se separó en 1992 y desde entonces está inmerso en una
versión glam del Eterno Retorno. En 2013, aprovechando las fiestas del Orgullo
Gay, Locomía (sic) volvieron por enésima vez: pero ahí ya no estaba ninguno de
los, ya otoñales, miembros fundadores, sino cuatro maromos con físico de
chapero caro y un look a medio camino
entre Juego de Tronos y Paco Rabanne. De esta guisa aterrizaron en la plaza de
Chueca para presentar su último intento, Imperium, con un estribillo que
decía: «Lucha, fuerza, valor; duelo, furia, sudor; coraje, batalla, vigor;
victoria, justicia, honor». Todo muy épico, pero cometieron un
craso e imperdonable error: actuar sin abanicos.
LA ERÓTICA DEL PEZÓN
Tiran más dos tetas que dos carretas. Era inevitable empezar con
este refrán. Sobre todo si vamos a remontamos a 1987, cuando ver un seno en la
tele todavía era motivo de algarabía y regocijo. Y, ciertamente, la aparición
de la cantante italiana Sabrina Salerno (Génova, 1968) y su prodigiosa delantera
en el popularísimo programa Un, dos, tres... responda otra vez provocó un shock
que solo fue superado en la gala de nochevieja de TVE, cuando a la mismísima
cantante se le escapó una ubre fuera del sujetador. Durante unos segundos, toda
España pudo contemplar el enorme pezón. Y, aunque Boys (Summertime Love),
la canción, pasó a un segundo plano, su estribillo quedó grabado en todos los
cerebelos: «Boys, boys, boys, I’m looking for a good time. Boys, boys, boys
get ready for my love».
Amén de conquistar España, Sabrina logró vender diez millones de
discos en todo el mundo y se convirtió en una sex symbol global a la altura de su contemporánea Samantha Fox,
aunque ella aseguraba que «la única similitud entre Samantha y yo
son los senos, yo sí canto». Ya, pero en cuanto se apagó la llama
del Boys, su carrera cayó en picado. Y no será porque no lo intentó.
Harta de fracasos, montó varios negocios junto a su marido, el
productor Enrico Monti. Pero el gusanillo de volver es difícil de resistir y
Sabrina probó a lanzar un disco de grandes éxitos y enrolarse en una gira de
viejas glorias de los ochenta. Pero tampoco hubo suerte.
En 2010, desesperada, unió fuerzas con su antigua rival Samantha
Fox, para grabar una versión discotequera del Call me de Blondie, con su
correspondiente videoclip. Fue otro pinchazo pero, al menos, nos dio la
oportunidad de comprobar que las dos cantantes seguían manteniendo el tipo,
ahora como potables cuarentonas esculpidas por entrenadores personales y
cirujanos plásticos. Por supuesto, enseñaron escote, pero ambas se abrocharon
bien el sujetador. A ciertas edades no conviene jugar con la Ley Universal de
la Gravitación.
ECHADLE LA CULPA A LA
VIRGEN
Antonio Romero Monge y Rafael Ruiz Perdigones, alias Los del Río,
debutaron en 1962, a la tierna edad de catorce años. Y en 1996, tras toda una
vida grabando cintas de gasolinera y actuando en fiestas de pueblo, les sonó la
flauta con Macarena, un rap flamencoide acerca de una muchachita que le
da «alegría a su cuerpo» con dos amigotes de su novio, mientras
el cornudo jura bandera. Acom pañada por un ridículo bailecito, la canción
vendió cuatro millones de copias en Estados Unidos y fue usada como sintonía en
la campaña electoral de Bill Clinton, en la NBA y en la Super Bowl.
Lo que triunfó no fue el tema original, sino un remix perpetrado
por los productores alemanes Bass Bumpers sobre una base originalmente creada
por Fangoria. Pero Alaska y Nacho Canut no fueron acreditados ni se llevaron un
duro por su trabajo, pese a que llevaron el caso a los tribunales. Porque,
¿cómo se puede demostrar la autoría de un soniquete tecno como tantos otros
que, encima, es clavado al Release The Pleasure de Leftfield? Pero Los
Del Río sí recibieron pingües beneficios por “Macarena”, cosa que les vino de
perlas, pues tenían ambos muchas bocas que alimentar.
En la actualidad, Antonio y Rafael siguen viviendo en Dos Hermanas
(Sevilla) y Macarena aún les da de comer. Y eso que ellos sacan un disco
al año, con la pajolera esperanza de que la flauta vuelva a sonar. Pero jamás
han rozado, ni de lejos, el desmesurado éxito de Macarena. Un éxito
logrado, según ellos, «gracias a la Virgen».
Cuando escuchó estas palabras, Alaska saltó: «que yo recuerde,
no he sido canonizada».
Imagen de portada de La conjura de los necios (John Kennedy Toole) en la edición de Anagrama
Literatura y fracaso son
dos términos que se atraen. Los ejemplos abundan. Tuvo que pasar mucho tiempo,
de un siglo a otro, para que los Cantos de Maldoror pudieran ser devorados
por los ojos de muchos lectores. Su autor Isidore Ducasse, más conocido como el
Conde de Lautréamont, fue un misterioso personaje que escribió entre el trance
y la imaginación desbordante. La edición de su Primer Canto pasó
inadvertida para la crítica de la época. Era 1868, dos años antes de que
muriera Lautréamont a la edad de 24 años. Solo a comienzos del siglo XX, sus
obras comenzaron a conocerse masivamente y figuras como Gómez de la Serna,
André Breton y André Gide impulsaron su difusión, aunque en 1896 Rubén Darío ya
le citaba en su libro Los Raros. El autor, nacido en Montevideo y muerto
en París, recurrió a la ayuda económica de su padre para pagar la edición de
sus textos, jamás reseñados en la prensa. En 1890 se vuelven a reeditar los Cantos,
pero seguía siendo considerado un texto ‘prohibido’. El futuro daría un vuelco
para reivindicar su nombre y la importancia de su escritura, convirtiéndose en
el maestro de movimientos como el surrealismo. Pero el fracaso estuvo allí,
rondando en el apartamento parisino del señor Conde y solo le consolaba su
encuentro con la pluma y una hoja blanca sobre su escritorio, hallando consuelo
en sus demonios nocturnos. Ni lectores ni editores de aquella época estaban
preparados para la gran marea de su desvarío poético.
Otro autor que no vio en
vida el éxito y tampoco la materialización de su obra fue John Kennedy Toole.
Sus misivas con el editor Robert Gottlieb muestran una situación de
desesperación, en la que Toole corrige y corrige sin conseguir llegar a convencer
a aquel. Aunque Gottlieb estaba interesado en La conjura de los necios,
no paraba de imponer nuevas condiciones, y la búsqueda del acuerdo entre las
dos partes derivó en una historia absurda de intransigencia con un mustio
colofón: la no publicación. «Pienso que, en varios sentidos, usted ha hecho un
excelente trabajo: pulió la trama de la obra, dio sentido a eventos que antes
no lo tenían, profundizando en algunos personajes, eliminó otros. El libro está
mucho mejor, pero todavía no está bien del todo», le explicaba Gottlieb al
escritor norteamericano. Toole perdió el ánimo y acabó suicidándose. Pero su
madre haría todo lo posible por ver la creación de su hijo en algún escaparate
de librería y lo logró al encontrar editor en 1980. La conjura de los necios
ganaría el premio Pulitzer.
Muy recordado en nuestros
días, en los que se cumple su centenario, es el caso de Marcel Proust y Por
el camino de Swann, primer tomo que iniciaba la mítica En busca del
tiempo perdido. Proust presentó su obra a Gallimard, pero André Gide la
rechazó. A Proust no le quedó otra alternativa que pagar de su propio bolsillo
la impresión del libro. La obra vio la luz el 14 de noviembre de 1913. Seis
años después Gide confesó su error y se disculpó: a punto había estado de
impedir la difusión de una obra maestra.
El fracaso merodea
siempre al escritor. Editores, críticos y lectores muchas veces le cierran la
puerta al talento. Hace falta una actitud muy abierta y un oído muy fino para
captar una nueva voz. No es infrecuente que las editoriales estén cegadas por
puro interés comercial. Hoy en día, prestigiosos grupos editoriales buscan
denodadamente el best-seller de la temporada... un libro que el año que
viene nadie recordará... pero que hoy ocupa los anaqueles de las librerías y cierra
el paso a otros títulos.
Ediciones Contrabando es
una joven editorial nacida en Valencia a comienzos de 2013. Publica autores
nuevos, desconocidos, ocultos o emergentes, de España e Hispanoamérica. Voces
con calidad y energía que aspiran a mantener viva la llama de la creación.
Amamos el riesgo y la buena literatura. Apostamos por los nuevos talentos.
Nuestras puertas están abiertas a las propuestas más innovadoras. Buscamos
editar la literatura viva del siglo XXI. ¿Fracasaremos?
El número 9 de la
revista se presenta en la Feria del Libro de la capital ecuatoguineana.
Integrantes del grupo ENYONAM leyendo Bostezo en Niamey, Níger. Foto: Águeda Fores (diciembre 2012)
A estas horas Inés
Plasencia vuela hacia Malabo, capital de Guinea Ecuatorial. En los próximos
días lo harán dos integrantes más de Bostezo: David Barberá y Paco Inclán. He aquí una breve crónica de lo que está por
acontecer en este inminente desembarco.
La vida en redacción Bostezo
es una huida hacia adelante. Almas inquietas que se retuercen en sus butacas,
incapaces de imaginarse redactando noticias solo con las descargas y el
corta-pega del Internet. Sobre la superficie de un antiguo mapa señalamos con
chinchetas nuevos planes, nuevos trayectos, nuevos destinos. Nuestro objetivo
es poder presentar la revista en el mayor número de ciudades del globo.
En el mes de enero comenzamos a tramar el desembarco de la
revista en Guinea Ecuatorial. Fue Inés Plasencia -africanista vocacional- la
que más tiró del carro, le ayudamos a empujarlo. Águeda Forés -entusiasta 'bostezaire'
empeñada en que Bostezo triunfe en
África- colaboró en urdir el plan. Noventa días después, tres miembros de la
revista viajamos este mes de abril a Guinea para participar, en colaboración
con la AECID, en las actividades relacionadas con la Feria del Libro de Malabo,
capital ecuatoguineana, donde organizaremos un taller de creación literaria (del 14 al 25), una mesa redonda sobre literatura
hispano-africana (día 24) y una jam
poética (día 23), en la que también participará David Barberá, redactor en
jefe de Bostezo, con su microchouNuevo en la ciudad. Todo lo acontecido
durante nuestra estancia en Guinea será recogido en el número 10 de Bostezo,
cuyo dossier está dedicado a las Identidades híbridas.
Además el día 24
presentaremos el nuevo número, el del fracaso. Esta vez será allí el primer
sarao oficial: en África, en Guinea, en Malabo.
Para Bostezo es una oportunidad de continuar con este proceso
que iniciamos hace más de cinco años. Partir desde Godella al encuentro de lo
que está lejos, de lo que nos es ignoto. Al fin y al cabo lo que nos mueve como
publicación es la curiosidad extrema por aquello que desconocemos: ese el punto
de partida con el que iniciamos cada dossier. Esperamos poder compartir con los
lectores-as todo lo que transpiremos durante nuestra estancia en el país
africano.
Insistimos: No somos lentos, es que vamos lejos. Y estábamos diciéndolo en serio.